La Batalla de Montgisard fue un combate que tuvo lugar el 25 de noviembre de 1177 entre musulmanes al mando de Saladino y cristianos bajo las órdenes del rey leproso, Balduino IV de Jerusalén. El conflicto se produjo durante los últimos años del Reino Cristiano de Jerusalén, cuando Saladino amenazaba con invadir los estados francos en Siria. En 1254, cuando Luis IX, de vuelta de la Séptima Cruzada, llegó a Francia, lo hizo con el sentimiento de que la cohesión y la unidad reinaban en Tierra Santa; no era más que un espejismo. La discordia entre los monjes-soldados (templarios y hospitalarios) dividía estas comunidades, encargadas de defender Tierra Santa. Para Baybars I (cuarto sultán de la dinastía de los mamelucos), representaba una oportunidad; retomó Beaufort, Jaffa, Antioquía... Nada podía detenerlo; Pero el rey de Francia reaccionó y volvió a partir a la cruzada. Por desgracia, el 25 de agosto de 1270 murió de tifus a las puertas de Túnez.

El Reino de Jerusalén se encontraba al borde de la invasión de los mamelucos y soldados musulmanes del Sultán Saladino, que comandaba un ejército de 27.000 hombres según Guillermo de Tiro. Empezó la invasíón sobre los campos creyendo atacar a un país sin defensores. Pero el joven rey Balduino IV reunió a todos los caballeros que le quedaban y se llevó la Vera Cruz. Primero fue a refugiarse a Ascalón.

El rey de Jerusalén llevaba consigo 375 caballeros, de los cuales 80 eran templarios bajo las órdenes del maestre Eudes de Saint Amand, Reinaldo de Chatillon y Jocelín III de Courtenay, tío del rey; los hermanos Íbelin, Reinaldo de Sidón y Aubert, obispo de Belén, que llevaba la Vera Cruz. La infantería fue reclutada a toda prisa, incluyendo a los burgueses, y era más numerosa que la caballería, pero no superaba los cuatro mil hombres.

El ejército cristiano atacó por retaguardia al musulmán y de forma sorpresiva, lo que produjo una gran confusión en las filas del ejército de Saladino, quien se salvó de milagro gracias a la abnegación de los mamelucos de su guardia personal, que murieron casi todos alrededor de él. Dicen las crónicas: "El joven rey, atacado por la lepra, superó todos los obstáculos y luchó con un gran valor, lo que dio también valor a sus hombres."

El ejército de Saladino huyó en desbandada hacia Egipto, con enormes pérdidas, mientras que las tropas cristianas eran recibidas triunfalmente en Jerusalén.

La victoria de Montgisard significó la supervivencia del Reino de Jerusalén hasta la muerte del rey Balduino IV.

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